Si pudiera concentrar todo el odio que hay en la humanidad en un solo metro al cuadrado posiblemente lo haría sobre mi mismo.
Tambaleándome, con los efectos del alcohol presentes en mi, intenté encontrar las llaves de mi casa entre mis bolsillos. Sé que quedaba mucha distancia hasta llegar a mi casa, pero tenía la certeza de que buscar las llaves mientras andaba me llevaría mucho tiempo. Además, estaba borracho, y no se pueden pedir explicaciones racionales a alguien en ese estado. Hacía demasiadas copas que había perdido el derecho a pensar. No sólo había perdido de vista a mis amigos y me tocaría volver sólo a mi casa haciendo eses, sino que además no podía haber estropeado más las cosas con ella. <Genial, amigos, vuestra idea de emborracharla para ligar con ella>pensé. Resultó que tenía más aguante que yo, y pronto dejé de tener noción de lo que yo bebía. Lo único que sabía con certeza es que no bebía con ella. Mientras intentaba andar, ponía en orden mis ideas, y fui descubriendo recuerdos sueltos. No es que tuviera lagunas en las memorias de aquella noche, es que tenía algo de tierra entre las lagunas. Sentí una arcada, pero no era suficiente para vomitar. Tuve que agarrarme a una farola para descansar. Y volví a sentirme idiota.
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